“Chapingo, mi salvación”: Tania Martínez, investigadora en agronomía

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Nunca debemos dejar de soñar, todo sueño es posible de alcanzar si se es perseverante, expresó Tania Eulalia Martínez Cruz, indígena mixe que actualmente realiza un doctorado en la Universidad de Wageningen, en Holanda, una de las instancias más prestigiadas a nivel mundial en agronomía.

Además de estudiar en una de las universidades más importantes, recientemente fue galardonada con el Premio Nacional de la Juventud en la categoría de Logro Académico por sus aportaciones en temas agrícolas y de seguridad alimentaria.

En entrevista, Tania Martínez relató que cada vez que se le cerraba una puerta para lograr su objetivo, ese aire que generaba el cierre de la puerta en lugar de alejarla, la impulsaba.

“Las oportunidades uno las crea, las visualiza, toqué muchas puertas y si bien muchas se cerraron, solo fueron el impulso para abrir muchas otras, los obstáculos que me he encontrado los he tomado como oportunidades para trascender”.

El privilegio de ser de Oaxaca

Tania Eulalia nació en febrero de 1987 en una comunidad humilde de la región mixe, en el estado de Oaxaca. Sus primeros años de vida los pasó viajando de un pueblo a otro, ya que sus papás eran profesores y daban clases en diferentes comunidades.

Así, vivió la mayor parte de su infancia entre montañas, el campo y la naturaleza. Esto le permitió conocer la diversidad natural, social y cultural que hay en su estado y valorar aún más sus raíces.

Recordó que en un principio quería ser maestra igual que sus padres; no obstante, después pensó que quería ir más allá y ayudar a más gente, quizás la ciencia, la tecnología o la innovación sería el camino.

Su primer acercamiento con la ciencia fue un libro que le regaló su padre cuando tenía solo cuatro años de edad, pues todos los regalos que le hacían sus papás eran libros y no juguetes.

“Cuando hablamos de fomentar la educación o la vocación científica también es importante fomentar el capital cultural que hay alrededor de los niños, lo cual no solo es responsabilidad de los maestros, sino también de los padres”.

Expresó que ella por fortuna tiene unos padres que son maestros y desde pequeña le enseñaron el maravilloso mundo de los libros.

 

Una indígena en la ciudad

Cuando tenía cinco o seis años, tuvo que viajar a la Ciudad de México porque sus padres iban a estudiar en la Universidad Pedagógica Nacional, y acostumbrarse a la metrópoli no fue fácil.

Ya no veía esa vasta naturaleza a la que estaba acostumbrada a admirar todos los días, ni respirar ese aire fresco, ni recibir los buenos días y la amabilidad de sus vecinos y comunidad.

La gente la discriminaba, la miraba raro y sus compañeros de la escuela se burlaban de ella y le hacían bullying porque no sabía bien hablar español. “Se habla muy poco de esto, pero aún hay discriminación. Hubo un tiempo en que me pegó bastante y empecé a renegar de mis raíces, pero entre ese ir y venir de mi pueblo a la ciudad empecé a valorar más mi historia y mis tradiciones”.

En esta revaloración de sus costumbres y tradiciones, dijo, su abuela paterna jugó un papel fundamental. “Mi abuela era chamana, leía el maíz y me contaba historias maravillosas de mi pueblo (…) Tengo una nostalgia inmensa por mi tierra. Renegar de mis raíces sería renunciar a mi pasado y olvidar de dónde vengo, perder mi identidad y lo que soy”, expresó.

“Chapingo, mi salvación”

Al concluir la secundaria tuvo que dejar su comunidad y a su familia por seguir su sueño, seguir estudiando y ser investigadora. Así, con una pequeña mochila dejó Oaxaca y viajó más de 10 horas para llegar a Texcoco, en el Estado de México, para estudiar en la Universidad Autónoma Chapingo.

“Cuando Chapingo se cruza en mi vida se convierte en mi salvación para poder seguir estudiando, fue entonces que me di cuenta que era privilegiada porque tenía una beca y mi única responsabilidad era estudiar”.

Ella llegó a estudiar primero la preparatoria y luego realizó una ingeniería en irrigación, en la que llevó a cabo un estudio sobre el tratamiento de aguas residuales en la agricultura.

Al concluir su ingeniería trabajó un tiempo como asistente de investigación en la misma universidad y una empresa privada, ahí colaboró en un proyecto de transferencia de tecnología de riego.

Buscar más oportunidades

A pesar de que le gustaba lo que hacía, Tania Eulalia quería ir más allá, quería hacer una maestría en la Universidad de Arizona, en Estados Unidos. “Quería hacer un posgrado en el extranjero, no porque la educación en México sea mala, sino porque quería ampliar mis horizontes”, manifestó.

No tenía dinero para pagarse un posgrado en esa universidad estadounidense, pero sí el talento para ganarse una beca, y no cualquier beca, una beca Fulbright-García Robles que otorga la Comisión México-Estados Unidos para el Intercambio Educativo y Cultural (Comexus), la cual es sumamente demandada. Así se convirtió en la primera becaria indígena del programa.

Con esa beca y con apoyo también del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) realizó una maestría en ingeniería agrícola y biosistemas especializada en el riego y la producción de biocombustibles.

“Mi investigación se centró en los niveles de riego de prueba para ver cuál era más eficiente para la producción de bioetanol con sorgo dulce en el desierto de Arizona”, indicó.

Devolver el favor a mi pueblo

Al concluir sus estudios se sentía en deuda con su pueblo, “sentía que tenía que hacer algo más por mi gente, si ellos ya habían pagado de algún modo mis estudios, yo tenía que hacer algo que tuviera un impacto directamente en ellos”, manifestó.

Así decidió colaborar con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) y después, con una beca del Conacyt, se fue a Holanda a realizar un doctorado en conocimiento, tecnología e innovación, en la Universidad de Wageningen.

Actualmente cursa el tercer año de su doctorado y viaja constantemente a México, ya que su estudio está fuertemente relacionado con el programa mexicano MasAgro.

Su doctorado tiene un enfoque social y la idea es conjuntar el conocimiento científico y tecnológico con las prácticas habituales de los agricultores mexicanos.

“La experiencia me ha enseñado que si quieres tener proyectos mucho más exitosos no puedes aislar la ciencia y la sociedad (…) Ahora soy una observadora, busco entender qué hacen, cómo lo hacen y por qué lo hacen, porque si no te sientas a escuchar antes de proponer, ya empezaste mal. A veces uno como científico puede decir, por ejemplo, este es el mejor calendario de riego, pero quizás no es funcional para la realidad de los campesinos mexicanos, por eso es indispensable que los científicos y la sociedad construyamos las soluciones”, dijo.

Después de su doctorado, aún no sabe a dónde la llevarán las circunstancias, pero sin duda trabajará en devolver al pueblo mexicano un poco de lo que le ha dado al permitirle estudiar becada, aseguró.

El valor de la solidaridad

Para Tania Martínez es muy importante la solidaridad, ya que asegura que ha podido llegar hasta donde está gracias a la solidaridad de mucha gente con la que ha convivido.

“Cuando estaba estudiando mi maestría una amiga me dijo ‘niña, no compres libros’, y me prestó sus textos, eran como mil dólares en libros (…) Creo que ser solidario es algo fundamental pero que a veces se nos olvida. Siempre trato de ponerme en los zapatos de los otros para ver cómo podemos construir mejores cosas”.

La investigadora llamó a los jóvenes a esforzarse por sus sueños, ya que dijo a veces es complicado, pero siempre es posible lograrlo. “No dejen de creer y construir lo que quieren, a veces creemos que no hay oportunidades, pero sí las hay, quizás puede ser muy complicado pero es posible”.

Ante las adversidades que se encuentran en el camino, Tania recomendó “no se desanimen, a veces sentimos que vamos caminando solos, pero no, a veces hay que tocar muchas puertas y puede ser cansado pero al final valdrá la pena”.

Reflexionó que el cambio en la sociedad y el desarrollo en la ciencia y la tecnología del país está en manos de todos, en especial de los jóvenes. “El cambio está en nosotros, hay que exigir construyendo y haciendo cosas”.

Agencia Informativa Conacyt

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